Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca
Primera Parte
El Viaje De Los Inmorales.
El relato que estoy apunto de escribir recreará con la mayor fidelidad posible uno de los viajes más locos jamás realizados. Un crucero que se preveía tranquilo pero que inesperadamente fue abordado por unos personajes muy peculiares, reunidos todos por una mente perversa, que cambiaron la historia del Athena.
Primer Dia: Rondarían las 12 de la noche cuando me acerque finalmente a la estación del norte para reunirme con el resto de los integrantes del viaje. Para mi sorpresa me encontré con tres de ellos ya esperando, la puntualidad mostraba una de sus caras mas desconocidas, yo era el penúltimo en llegar y tan solo faltaba uno, el sr. Lobo.
Me acerque a aquellos que pacientemente esperaban sentados en los asientos de la estación de trenes de Valencia y no tardamos en decidir ir a tomar un té mientras pasaban los minutos para que llegase el tren. Me sorprendió que nos fuéramos mientras aun faltaba por llegar una persona, atención porque aquí comienza nuestra primera hazaña, y sugerí que se contactase con él para que se apresurase. En estos momentos no conocía bien a Fran, también conocido como el señor lobo, pero el resto sí. De modo que conociendo sus habituales tardanzas prefirieron dejarlo a su aire y que llegase cuando gustase.
Fuimos al Coffe & Te situado en frente de la estación a tomar el primero de los muchísimos tes que beberíamos durante nuestra aventura. En realidad esta actividad no era más que una forma de matar el tiempo, así que cuando faltaban diez minutos para que el tren partiese hacia el destino esperado volvimos a la estación con la esperanza de encontrar esperando al último viajero. Desde luego ilusiones no se vive y Lobo aun no había llegado. Esta vez si que fue imperial llamarlo. La conversación transcurrió tal que así:
Migue: Ey tío, ¿Dónde estas?
Lobo: En la cama, viendo un documental.
Migue: ¡Va! Dime que es mentira. Dime que me estas viendo y te estas quedando conmigo.
Lobo: Que va tío. Habíamos quedado mañana, ¿no?
Migue: Dime que es mentira. ¡¿Cómo vamos a haber quedado mañana si salimos esta noche?!
Lobo: ¿No cogíamos el tren mañana?
Migue: ¿Cómo quieres coger el tren mañana si mañana tenemos que embarcar?
Lobo: Pero antes habíamos hablado y te había dicho que hasta mañana.
Migue: Yo te había dicho que nos veíamos esta noche. ¡Madre Mía! Eres subnormal.
Lobo: Pero si habíamos quedado para mañ…
Migue: Eres subnormal. Escúchame. Coge la maleta y vente para aquí cagando leches.
Las voces del resto de viajeros, anonadados todos ellos por el incidente, informaban por lo bajo que parecía que el tren se iba a retrasar.
Migue: Escúchame. Parece que el tren va con retraso así que aun tienes tiempo, pero tienes que darte prisa. Tienes que venir aquí lo más rápido posible. ¡Va sal para aquí YA!
Fin de la conversación.
Por primera vez, y no última, en el viaje se mascaba la tensión en el ambiente. En este video se puede apreciar con claridad viendo las caras de los integrantes del grupo.
A raíz de esto las llamadas de Migue a Sr. Lobo fueron constantes. Era imprescindible hacer un seguimiento detallado de Lobo para precisar si sería capaz de llegar antes de que el tren se fuera. El tren aun no había llegado y ‘se conocía’ que lo haría con retraso, pero aquellos que conocían a Lobo sabían que este no era de la clase de personas de las que te podías fiar para que llegasen a una hora.
Los minutos pasaban y la hora prevista, incluido el retraso, para que el tren llegara estaba apunto de cumplirse, pero Lobo no llegaba. De hecho estaba a tal distancia que era imposible que llegase antes que el tren.
Nuestras mentes empezaron a maquinar ideas todas ellas descabelladas para evitar la tragedia. Los mas pasotas optaban por dejar que Lobo se las apañase por su cuenta, aun con el riesgo de que desistiera de venir al crucero. Otros abogábamos por la opción de retrasar el tren con trucos y acciones pueriles y macarras. Migue optaba por quedarse y o bien alquilar un coche para viajar a Málaga con Lobo, o bien, si esto no era posible, viajar a Málaga con uno de nuestros propios coches.
La hora prevista para que el tren llegase se cumplió, pero el tren no estaba en la vía. Lobo, por si alguien albergaba alguna duda, aun no había llegado. El acceso a las vías se abrió y los pasajeros del tren con destino Córdoba/Málaga pasaron. Lobo estaba cerca, pero el tren no podía retrasarse mucho más. Los nervios estaban a flor de piel.
Milagrosamente Lobo llego instantes antes que el tren, cual película cutre de acción en la que la bomba se desactiva a un segundo de su explosión. El tren se retrasó más de lo esperado en cualquier sentido.
En este video podemos ver su llegada:
Por increíble que resulte subimos todos al tren y pudimos partir hacia Málaga sin tener que hacer ninguna de las nuestras. La luna debía estar llena y la suerte le sonreía al sr. Lobo. Al minuto de llegar el tren entró en las vías y no tardo apenas nada en irse, por suerte, con nosotros dentro.
Durante el viaje en tren estuvimos gran parte del tiempo conversando en la cafetería, hasta que la cerraron y nos echaron, claro. No pudimos evitar de ninguna manera recorrer los pasillos de manera ruidosa y escandalosa del tren unas cuantas veces. Ciertamente las nada más y nada menos que diez horas del tren se hicieron un ‘poquito’ largas. Este es uno de nuestros paseos en el que se incluye una entrevista a Lobo acerca de su gesta.
No pudimos dormir apenas en el tren. Algunos no durmieron nada, otros solo un poco y alguno mas que nadie… De este modo contábamos con pesadez las horas para llegar a la estación de tren de Málaga.
Cuando por fin llegamos, nos dirigimos directos al puerto para embarcar. Sobraban horas, pero hacia mal tiempo y algunos no somos como Lobo y preferimos llegar con un poco de antelación. Y ahora es cuando se escribe una de las anécdotas más negras del viaje. La llegada al puerto.
Cuando entramos a la zona de embarque, nuestro gozo se cayó a un pozo al ver tan solo viejos y viejas. No había gente joven a nuestro alrededor y eso fue demoledor para nuestras ilusiones insanas. Al principio tratamos de ser optimistas y quisimos engañarnos a nosotros mismo aludiendo al falso motivo de que los viejos siempre son los primeros en llegar y la gente joven sufre un grave síntoma de impuntualidad. Esto es una prueba:
El tiempo nos confirmo que no iba a haber mucha juventud en el barco a parte de nosotros. También pudimos apreciar que el barco no era demasiado grande, aunque para los que no habíamos hecho nunca ningún crucero, eso no significaba nada.
Cuando embarcamos pudimos ver nuestros camarotes y finalmente echar una ojeada para examinar todo el barco. El resto de día lo aprovechamos familiarizándonos con el barco, durmiendo y poco mas.

