Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca
Primera Parte
El Viaje De Los Inmorales.
Por fin, después de dos largos e intensos días de hincharnos a barco, empezamos con las escalas. A estas alturas ya habíamos coincidido con toda la juventud del viaje, gracias a las reuniones nocturnas en la piscina. Aprovecho para saludar a todos los viajeros del Athena que están leyendo el estas crónicas inmorales en el blog. Seguid así, estos relatos están teniendo muy buena acogida. Gracias.
Tercer Dia: Levantarse por las mañanas teniendo en mente que bajaras a tierra es reconfortante, mas aun habiendo estado confinado un par de días completos en un barquito pequeño. Quizá fuera la ilusión de volver a pisar tierra firme lo que produjo en nosotros un comportamiento mas animado que de costumbre. Sea como sea, el tercer día viene completo de anécdotas y hechos. Agarraros bien los machos porque definitivamente se puede decir que el viaje de verdad comienza aquí.
A pesar de la certeza de que tarde o temprano desembarcaríamos en Madeira, quedaban muchas horas por delante antes de que eso sucediese. Para más inri, llevábamos un retraso de dos horas, como un grupo de rock toca pelotas. Así que la mañana fue larga y se hicieron muchas cosas de las que las personas normales se arrepentirían, pero nosotros no éramos personas normales (excepto yo un poco).
Incluso sin madrugar demasiado, ya que la situación no lo exige, amanecimos con prontitud para aprovechar lo que quiera ser que se pudiera aprovechar. Podría pasarme unos cuantos párrafos hermosos cargados de letras… pero dispongo de un valiosísimo materia grafico para ilustraros y evitaros leer demasiado.
En primer lugar Marlo y yo acudimos a la cubierta por la mañana antes de comer. Allí nos encontramos con el resto del grupo acompañados por las ‘pamplonicas’.
Por alguna razón, quizá porque se asustaron, no tardaron en desentenderse de nosotros. No las culpo. Pero dejarnos solos a los cinco allí arriba es un error imperdonable, como así lo demuestra este video en el que salen los dos personajes del día haciendo algo de lo que deberían, pero no se arrepentirían nunca.
Las estupideces se sucedían la una a la otra sin descanso. Nunca antes gracias tan tontas y repetidas habían tenido tanta gracia. Una prueba indispensable de ello, sin la cual el viaje no habría sido el mismo, es este video. No se puede entender nada sin verlo:
Desgraciadamente para vosotros eso no es todo, hay mucho más. Muchos os preguntareis a que se debe que dos individuos hagan algo como lo mostrado en la siguiente foto. El sr. Lobo hubiera dicho: no hay respuesta fácil.
Después de todo este cúmulo de paparruchas, nos acercamos a Madeira, Portugal. Nuestra primera visita. El día se fue terciando conforme nos acercábamos debido a las nubes adheridas a la isla. Es un fenómeno atmosférico que el cielo se muestre despejado y las nubes se ciernan sobre el único trozo de tierra en miles de kilómetros, supongo que en la lobopedia se explicaría con mayor claridad.
El retraso finalmente fue de dos horas, como ya mencione antes. Para colmo, anunciaron por megafonía que las excursiones, todas ellas plagadas de abuelos con tacataca, bajarían primero y el resto debíamos esperar a que terminasen. Lógicamente unos jóvenes ansiosos como nosotros no estábamos dispuestos a esperar sin sentido, de modo que como hubiera hecho cualquiera nos colamos. No sin antes preguntar en recepción si debido al retraso se mantenía la hora de llegada. Después de decirnos que no lo sabían y comprobarlo concienzudamente nos dijeron que SI que se mantenía, debíamos volver a las 20:30.
Mientras nos colábamos en la cola, el único animador simpático del crucero, Marcelo, nos invitó a pasar detrás de él. No lo dudamos. Marlo, Tico y Omer pasaron primero, yo los precedía y lobo cerraba la marcha. Pero al llegar a mi apareció uno de los personajes mas queridos de esta historia, la directora del crucero. Cuando me vio me dijo que si era de las excursiones, a lo que lógicamente me hice el loco. No conforme con ello me lo repitió en ingles, ¡como si así la fuese a entender mejor! Seguí haciéndome el autista, mire para otro lado con cara de tonto y en cuanto pude le di al rumano de la puerta la tarjeta y salí del barco como si lo que ladraba la directora no fuera conmigo. Lobo se reía detrás de mí.
Una vez desembarcamos fuimos rápidamente a por uno de los taxis con capacidad para mas de cuatro pasajeros. Éramos muchos y dividiendo el precio entre todos no podía ser muy caro. Pues los taxistas de Madeira van con puñales y te la clavan. 150€, sí, 30€ por persona. A mi no me parece barato del todo… De hecho, aun me esta doliendo, y creo que no solo a mí. Pero bueno, por lo visto allí se han puesto de acuerdo y el precio no parece regateable.
La vista a Madeira fue fugaz. Diría que parecía que íbamos a contrarreloj, pero es que realmente íbamos a contrarreloj. Debíamos ver Madeira en menos de tres horas y media y no queríamos dejarnos nada. Fuimos a los lugares típicos de la isla, miradores, acantilados, paseos pesqueros, a probar el pez espada… y aun nos dio tiempo para dar una vuelta por Funchal. Claro que el taxista acortó una hora y nos dejo en Funchal antes de tiempo. Pero que nadie dudo que cobró el precio integro.
Aquí dejo unas fotos representativas de Madeira (siento ser tan cabron a veces con las fotos...):
Sin incidencias volvimos al barco a la hora prevista, las 20:30. Pero al llegar no había nadie aun, y es raro que de seiscientas personas no se anticipe ninguna. Fuimos a preguntar y resultó que la hora de llegada eran las 21:30, las 20:30 solo para nosotros. Lógicamente nuestra furia insolente nos hizo reclamar y mientras bombardeábamos a una de las recepcionistas volvió a escena nuestra querida directora. Reproduciré la conversación, ya que se que os encanta:
Marlo: Hola. Disculpa, la hora de llegada era a las 20:30, ¿verdad?
Recepcionista: No, era a las 21:30, se retraso una hora.
Marlo: ¿Cómo? No puede ser. Nosotros lo preguntamos antes de salir y nos dijeron que era a las 20:30.
Lobo: Es verdad. Preguntamos justo antes de bajar y fueron a comprobarlo y todo.
Recepcionista: Se aviso que era una hora menos.
La recepcionista alegaba confusa que la hora de más había sido avisada debidamente. Mientras una avalancha de críticas se le venían encima y estaban a punto de aplastarla, cuando la directora entro en juego. La directora estaba pendiente de la conversación, mirando de reojo, esperando el momento de saltar.
Directora: La hora fue avisada por megafonía.
Tico: No… Pero nosotros lo preguntamos justo antes de salir y nos dijeron que la hora se mantenía.
Directora: Ustedes se colaron y salieron antes de que terminasen de salir las visitas. Por eso no se enteraron. Se anuncio cuando las visitas terminaron de salir y les tocaba salir al resto.
Buscar las cosquillas a cinco jóvenes iracundos no es una buena idea. La directora hablaba y obraba de mala fe, pero sabíamos que tenía razón. La hora de retraso se había anunciado justo después de que saliésemos, pero por algo es Lobo el abogado del diablo. La hubiéramos matado. Quizás debiéramos dar gracias al temperamento tranquilo de Omer que culmino la discusión con una frase que yo mismo hubiera firmado.
Omer: Tíos, vámonos. No vamos a sacar nada discutiendo con esta zorra.
Pasamos la hora restante fotografiándonos en el puerto de Madeira.
El resto de la noche transcurrió con bastante similitud a las noches anteriores. Una cena copiosa, conversación en ‘el bar de los sillones rojos’ y desfase en la discoteca. Nada de esto tendría nada de peculiar de no ser por la siguiente hazaña de Sr. Lobo y Sir Beckham.
Iba a ser la primera noche que toda la juventud se reuniese para conversar y conocerse debidamente en la piscina tras la discoteca. La reunión avanzaba conforme las reglas de tópicos establecidas, vergüenza general, algún breve destello de animación, separación del grupo general en diversos subgrupos con conversaciones simultaneas… Pero el destino tenía otros planes para esa noche.
¿Quien sino el sr. Lobo podría proponer una idea tan descabellada como bañarse a las cuatro de la mañana, de una noche fría, en una piscina helada? Y, ¿Quién sino alguien tan valiente como Braulio podía, no solo coincidir con la idea, sino también incitarle y tentarle a que se hiciera? Fue una conjunción especial de factores, y supongo que también de astros y todo eso. Pero el verdadero detonante no fue otro que la frase mágica que si es pronunciada delante de unos ‘machos’ hace realidad cualquier locura, ¿A que no hay huevos?
No se habló más.













