Archive for the ‘humor’ Category

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

mayo 21, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Parte 5

Parte 6

Parte 7

Parte 8

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca (part.8)

mayo 15, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Octava Parte

El Viaje De Los Inmorales.

El viaje había terminado, aunque aun seguíamos en el Athena. A pesar de ello, tan solo quedaba la vuelta a casa. Era el momento de reflexionar y asimilar el viaje como algo pasado. Todo había llegado a su fin, pero en ese momento es difícil comprenderlo. Todo esta demasiado reciente, demasiado caliente.

Con este blog, hemos podido recrear las vivencias. Prolongar la intensidad de los recuerdos aun calientes que no tardaran en enfriarse. Por esa razón, todos nos centramos en pensar en la creación de nuevas aventuras que viviremos juntos.

Octavo Dia: En cierto modo el viaje no termino el séptimo día, tan solo nos separamos del Athena y todos los que íbamos dentro. En esta parte del viaje el grupo de los cinco se adentra en una aventura por separado, como el vocalista que abandona una formación para probar suerte por separado. Por suerte para nosotros, este vocalista tiene talento y su carrera por separado resulta esta a la altura.

Este relato no lo escribo tan solo para nosotros, sino también para todos aquellos que sientan curiosidad por como terminamos los inmorales el viaje. La curiosidad es una de las fuerzas más poderosas que mueven la mente humana y por esa razón mucha gente seguirá pendiente de esta historia aunque ya no tengan nada que ver. Sin más preámbulos, así fue el octavo día.

Nos levantamos para desayunar aquella mañana. Aunque el horario del desayuno no iba acorde a nuestra forma de vida, ni se coordinaba con nuestros planes, rara vez nos perdimos el desayuno. Esta vez, hicimos algo que no podía omitirse en este viaje, fotografiarnos con el “chino de Bali”, el hombre que siempre sonreía.

Después disfrutamos de las últimas horas de sol matutino en la cubierta del Athena, y sin ocasión de despedirnos de nadie, el barco llegó al puerto y nosotros desembarcamos. Es aquí, cuando realmente, nos despedimos de esta cafetera que a su ritmo surca los mares.

Lo primero que hicimos fue coger un par de taxis hasta la estación de trenes de Málaga con intención de dejar el equipaje en consigna. Uno no puede pretender afrontar un largo día cargado con tantos bultos. Lo único claro para la visita a Málaga es que iba a faltarnos tiempo y que queríamos hacer todo lo posible. Para ello necesitaríamos un coche, y nos permitimos un capricho que no resulto disparatado. Alquilamos un Golf. Dejar a Marlo si que fue una locura.

Según la Lobopedia, no se puede visitar Málaga sin pasar por el museo Picasso. Nadie lo discutió, ser el único que se niega a ir a un museo es muestra de incultura. Aunque alguno después desearía haber mostrado esas muestras para evitarse la visita, ¿eh, Tico?

No se como, pero aun por nuestra cuenta no nos resulto difícil llegar. Aparcamos el coche y pasamos por el centro de Málaga. Tras preguntar, fuimos directos al Museo Picasso.

Fuera, mientras decidíamos si entrar o no, lo cual parecía estúpido habiendo llegado ya hasta allí, nos percatamos de una disyuntiva existencial. O las mujeres de Málaga estaban realmente buenas, o nosotros tras ocho días de abstinencia estábamos realmente salidos. Seguramente se juntaron estas dos premisas, lo que fue fatal para nosotros, y peor para nuestros machos.

Después de dejar nuestros respectivos charcos de babas en la entrada, intentamos colarnos en la cola del museo, pero no funcionó. Tuvimos que hacer la cola como caracoles, es decir, dejando un rastro de babas a nuestro paso.

No había demasiada gente, así que no esperamos demasiado. La entrada resultó ser gratuita para los jóvenes y estudiantes (y para algún viejo que no estudia también. ¿Eh, Marlo?). Como Lobo estaba acostumbrado a que todo en el viaje le pasase a él, no protesto cuando fue el único que tuvo que pagar entrada.

Una vez dentro… bueno, todo el mundo sabe como hay que comportarse en un museo, y nosotros, además de alborotadores, también somos personas con conocimiento cultural. Nos comportamos. Pero hay algo que esta fuera de dudas, los museos no están hechos para personas ansiosas. En nuestro grupo contábamos con la persona más ansiosa que conozcamos, Tico. Me aventuraría a colegir que fue el peor momento del viaje para él. Mientras el resto simulábamos interés por los cuadros del internacional malagueño, él recorría la sala en cuestión de segundos y nos esperaba sentado o en la salida.

El museo Picasso es en cierto modo un engaña-bobos. No es ni de lejos una visita imprescindible en Málaga, pues las obras expuestas no son más que insignificantes cuadros, esculturas o bocetos. No se lo recomiendo a nadie, a no ser que sea un fanático acérrimo de Picasso.

A la salida, Tico por fin pudo respirar tranquilo. Ahora debíamos buscar un lugar representativo para comer. Preguntamos en una oficina de turismo y nos recomendaron el Tintero. No se porque, en aquel momento se me ocurrió disfrazarme de turista senil, o sea Lobo, y resulto que yo aun parecía mucho mas guiri. La prueba:

Tras dudar y buscar alternativas, pues el Tintero se encontraba en una punta lejana de la ciudad, acabamos dirigiéndonos hacia allí.

No fue tan fácil aparcar como llegar, pero mereció la pena. En aquel lugar, un restaurante al pie de la playa donde servían casi solo pescado, comí bien hasta yo, un ultra anti-pescado. El proceder del lugar era pintoresco, los camareros daban vueltas por entre las mesas ofreciendo el plato que portaban. El comportamiento de los camareros… bueno… ¿Cómo explicarlo? Eran un poco “calorros”, como se puede apreciar en esta foto. Atención al camarero del fondo.

Como se puede apreciar en la foto, estábamos hartos de comer tan mal. Llevábamos toda la semana a bordo del Athena sin apenas nada que llevarnos a la boca. Y, ahora que habíamos regresado por fin a tierras españolas, damos con el único lugar donde se comía mal. Como se puede apreciar en este video, Que asco de pescadito frito.

Al salir del tintero, ahora podemos afirmar que visiblemente satisfechos, nos dirigimos directamente fuera de Málaga. Nuestra intención inicial era llegar a Marbella. Pero estaba un poco lejos y durante el camino ciertos carteles de autovía nos tentaron a visitar algunos pueblos cercanos a la ciudad. Y sucumbimos a la tentación, fuimos a visitar Mijar.

Un pueblo de montaña cercano a la playa, resultó ser un pueblo con casas preciosas y unas vistas aun mejores. Esta debía de ser la clase de turismo que hacían las personas de cincuenta años, pero ¿Qué diantre? Nos gustó. Tampoco estuvimos demasiado tiempo allí, lo justo para parar un par de veces el coche y hacer unas cuantas fotografías. En el tiempo que estuvimos allí, nos fijamos en un curioso eslogan publicitario de una inmobiliaria que vendía casas en aquel pueblo, decía así: Estas vistas posiblemente estén para siempre, pero la oportunidad de comprar esta casa no. O algo así, estaba en ingles curiosamente.

Aquí un par de fotos de Mijar y nosotros.

Cuando tomamos la decisión de acercarnos a Marbella aunque el tiempo nos fuera justo, salimos escopetados. Durante el trayecto fuimos haciendo diversos cálculos para valorar hasta donde podíamos ser prudentes y hasta donde podíamos arriesgar.

…Y bueno, de camino, todos menos el conductor (menos mal) fuimos cayendo en el pesado abrazo del sueño y el cansancio producido por un ritmo de vida poderoso. El primero en caer, y a veces de modo voluntario (otras no), fui yo.

Entre sueños y demás, no tardamos demasiado en llegar a Marbella. Varios concesionarios de lujo nos dieron la bienvenida. Pero uno esta realmente en Marbella cuando pasa por su particular entrada. Desde el vehiculo, sin parar y como pudimos fotografiamos dicha entrada.

El viaje en el coche seguía, el tiempo avanzaba, pero pecábamos de pretender ser más cautos de lo que en realidad éramos. Una vez dentro, Lobo prestaba una atención desmesurada, así que no me quedo más remedio que hacerle unas preguntas. No me extraña que la Lobopedia sea tan rica en cuanto a lo que información respecta.

Interesante documento. Que a nadie haya dejado indiferente.

Tratamos de aparcar por Marbella, pero por suerte nos fue imposible. Nuestra intención era dar una vuelta por allí. Puerto Banus estaba algo lejos aun y el tiempo no sobraba precisamente. Pero dado que no había aparcamiento seguimos avanzando hasta llegar a Puerto Banus, y antes de darnos cuenta, allí estábamos, rodeados de mujeres bellas, coches caros, barcos aun más caros y lujo por doquier. En efecto, amigos, así es Puerto Banus, un paraíso para gente rica y gente poco honrada. Aparcamos el vehículo y dimos una vuelta por el puerto.

Lo primero que vimos al bajar del coche fueron un par de mujeres con pechos extra grandes y sospechosamente levantados. Silicona. Y lo segundo fueron las tiendas donde nunca nos atreveríamos a entrar. Allí no parecía haber nada que comprar con nuestro dinero, cualquier artículo costaría más que nuestro viaje entero. Lo tercero fueron ya finalmente los yates. El puerto estaba plagado de pequeños, medianos y grandes yates de recreo. Comenzamos a caminar a lo largo del puerto sin poder apartar la vista de esos barquitos tan caros. Lo cuarto que vimos, una vez conseguimos apartar la vista de los yates, fue la cantidad de coches caros e inusuales (inusuales por el precio) que estaban estacionados allí. Vimos casi cualquier marca de coche cuyo precio media fuera superior a cincuenta mil euros, Aston Martin, Ferrari, Bmw, Mercedes, Lamborghini, Bentley, etc. Y por fin, cuando consigues apartar la vista del lujo general, lo quinto que uno aprecia es un bien mas general, pero nunca tan abundante, lo mismo que vimos primero pero en cantidades enormes. ¿Hay una fábrica de mujeres en Marbella y nadie me ha informado? No creo. Seguramente acuden allí atraídas por el dinero.

Seducidos por el lujo inalcanzable del que alardeaba Puerto Banus, caminamos hipnotizados por el puerto. La hora a la que teníamos provisto marcharnos había llegado, por no encontrábamos la fuerza para marcharnos. El lujo nos hacia desear lujo, sin importar como debíamos alcanzar algo como aquello. Aunque solo fuera un rato queríamos disfrutar de aquello un poco más.

La hora limite llegó, y ni aquello pudo detener nuestro camino hacia el coche. Andábamos mientras fantaseábamos sobre las formas de hacernos ricos y las formas de gastar el dinero. No era propio de nosotros, pero ahí estábamos, deseando algo que hoy en día suena lejano, pero que en nuestras mentes siempre ha vivido como una llama de esperanza que se apaga a medida maduramos.

Llegamos al coche y volvimos a Málaga, teníamos un tren que coger. Sinceramente, después de haber terminado el viaje, el miedo por no regresar a casa no era tan preocupante. ¿Alguien deseaba ciertamente volver a casa? Aun así, volvimos cogidos de la mano de la obligación (unos mas que otros, pero todos juntos).

Por el camino volvimos a caer en el abrazo del sueño, y cuando algo alguien se duerme hay que inmortalizar el momento. Si se hace con arte, mucho mejor.

¿Omer comer? Omer no comer, Omer duermer.

Cuando llegamos a la ciudad, debíamos dirigirnos a la estación. Y lo hicimos, no fue difícil. Indicaciones por toda la ciudad nos permitieron llegar a la estación sin problemas. Nuestro error fue esperar hasta última hora para buscar una gasolinera que llenara el depósito del coche. Como siempre, el tiempo jugaba en nuestra contra y las gasolineras no se dejaban ver fácilmente en aquella ciudad. Pero aquel no iba a ser el día en el que algo se nos resistiese. Éramos grandes, nosotros mismos, pero mas grandes que nunca. Eufóricos y llenos de experiencias de un viaje que se acababa. Encontramos la gasolinera sin apenas indicaciones, como si un GPS imaginario nos hubiera llevado hasta allí.

Tras echar gasolina al coche nos dirigimos a la estación, aun debíamos meter el vehiculo en el parking y entregar las llaves a la casa de alquiler. Para otros cualquiera, el viaje habría acabado en este momento. Ya no quedaba nada por hacer.

Pero Marlo estaba al volante, y lobo de copiloto. Todo resultaba demasiado fácil para acabar así. Al ver un mini blanco, conducido por dos mujeres (no es que las dos mujeres condujesen el coche, lo hacia una y la otra se sentaba al lado), comenzó un juego. Comenzamos a pitarles e increparlas. Desde dentro, algunos podríamos haber pensado que la intención era ligar con ellas, pero no. La verdadera intención era asustarlas a la par que hacer el subnormal un rato. Ocho días de pura y casta abstinencia para acabar con tan lamentable incidente.

Las chicas del mini al principio reían, después ya no tanto y al final huían. Después de una maniobra de evasión consiguieron despistarnos. Estábamos a punto de darnos por convencidos, pero Marlo estaba al volante. Volvimos a buscarlas hasta que encontramos su pista. Creo que en aquel momento gracia era algo que ya ni se les pasaba por la cabeza a las chicas.

Pero no tardaron en darnos esquinazo y finalmente nos rendimos y volvimos a la estación. Aparcamos el coche, entregamos las llaves y subimos al tren. Se acabó el viaje.

A estas alturas, todo el mundo que ha seguido el blog conoce el juego de mafia. Pues esa noche fue cuando el vicio se instaló definitivamente en estos pobres inmorales. Jugamos a mafia en la cafetería del tren. Hasta el camarero bromeaba acerca de los mafiosos. Nos divertimos mucho jugando a mafia durante mucho tiempo. Aun hoy en día a veces nos reunimos y reuniremos para jugar a mafia. Después dormimos lo que pudimos, más que en el viaje de ida. Y una vez nos separamos en valencia se zanjó para nosotros esta gran experiencia que ansiamos repetir. Todos juntos.

Personalmente, y creo que de algún modo todos sentimos lo mismo, el grupo formado para este viaje a resultado ser extraordinario. Incluso Marlo, la mente perversa, que nos ha unido a todos, resultó sorprendido por el excelente resultado de su obra. Tico, Marlo, Omer, Lobo y Braulio Beckham. ¡Vaya panda de inmorales!

P.D.: ¿Alguien se ha percatado de que en ninguna parte del relato he mencionado la celebre y cansina frase “¡Braulio, Perrea, Perrea!”? No lo he hecho con mala intención, tan solo mala memoria quizás. Nunca es tarde si la dicha es buena: ¡Perrea, Perrea!

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca (part.7)

mayo 11, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Séptima Parte

El Viaje De Los Inmorales.

Es triste comenzar a escribir este día, es el último. Puede que el crucero terminara hace ya algún tiempo, pero de algún modo hemos alargado y mantenido calientes y vivos los recuerdos hasta ahora. Estas crónicas nos han servido para evadir la realidad, una realidad en la que en el séptimo día hicimos nuestra última escala.

Pero el último día en el Athena dio mucho de si, que nadie que indiferente cuando lea, y algunos recuerden, lo acaecido en el día que nos despedimos de la cafetera de los mares. Una cafetera que no hubiera sido lo mismo de no albergar en su interior a todos los personajes que hicieron de este viaje lo que fue, como los animadores como Marcelo, nuestro amigo León, el Dj, algunos camareros como el Chino de Bali, el mago John, o los sospechosos Carlos y Omar, toda la juventud y especialmente (al menos en este Blog) el club de los cinco.

Septimo Dia: Continuábamos navegando por las aguas de África. El Athena, fiel a su estilo, siempre conseguía llegar con retraso. Desde nuestro punto de vista, la hora prevista era algo que solo le pasaba a otros barcos. Pero por lo menos siempre llegó a todos los destinos, sin tener que saltarse ninguna escala. El plan para Casablanca era el mismo que en Agadir, bajar pronto del barco y contratar a un taxista que nos hiciese la visita turística por la ciudad.

Bajamos del barco y no nos hizo falta buscar taxista. Un incidente que tan solo puede ocurrir en un lugar como Marruecos no dejo a la par que nos dejaba con la boca abierta. Al poco de desembarcar tres taxistas trataron de llevarnos a sus taxis. No podíamos ir más que con uno, pero ellos no parecieron darse cuenta hasta el final. Cuando llegamos al taxi del primer taxista que nos había empezado a hablar comenzó la discusión de los taxistas. Para que los podamos reconocer los llamaremos T1, T2 y T3.

T1 nos abrió las puertas de su taxi, pero nosotros no teníamos prisa por entrar a ningún sitio sin antes pactar un precio. Estábamos preguntando si se haría por cincuenta euros cuando T2, el taxista que más mala espina nos daba por su agresividad, cerró con total ausencia de modales las puertas del taxi de T1. Mientras le gritaba en árabe. No pudimos entender la conversación, pero ni falta que hacia. Los taxistas discutían acerca de quien nos había atendido antes y a quien le pertenecíamos (como clientes, claro). Mientras T2 le gritaba a T1 y T1 no le hacia ningún caso, T3 aprovechaba para llevar la pelota a su campo. Nos hacia gestos para que fuéramos con él, y nosotros le preguntamos que si nos llevaba por cuarenta euros. Sí, sí, cuarenta euros. Sin problemas, decía él. Nos dirigíamos hacia donde mejor soplaba el viento cuando T1 que no estaba dispuesto a centrarse en la discusión con T2 y dejarnos escapar nos dijo que el también nos llevaba por cuarenta euros. T2 nos gritaba que él también. Cuarenta euros era un buen precio para nosotros, y como nunca tuvimos una cara dura para eso de regatear, lo único que quedaba hacer era elegir taxista. Lo primero que hicimos fue decirle a T2 que se callara y se fuera, con él no nos iríamos nunca. T3 parecía estar un poco en su mundo y se diluyó. T1 fue el taxista que mejor impresión nos daba, así que dado que ya estábamos al lado de su taxi, cerramos el trato con él y nos metimos en su taxi.

En lugares de Marruecos tan turísticos como estos, el deseo del turista acerca de donde quiere ir es algo que carece de importancia. Los guías ya tienen una ruta planificada y no acostumbran a alterarla. Pero en la primera parada no había desacuerdo, todos teníamos como idea preconcebida la visita a la mezquita de Hassan II. Así que cuando llegamos con el taxi a un descampado cercano, nos dijo que teníamos unos veinte minutos para verla.

La mezquita de Hassan II es la segunda mezquita más grande del mundo, después de la Meca, y tiene el minarete más alto del mundo. Esta construida sobre el océano, pues en un pasaje del Corán se dice que El trono de Dios se halla sobre el agua. Tiene una capacidad para unos cien mil creyentes. Y no os preocupéis que no voy a continuar con la clase de historia islámica, tan solo recordar los datos mas importantes que nos informaron. Quien tenga curiosidad por saber mas que consulte a la wikipedia. Nosotros en cambio, al menos un servidor, preferimos consultar la lobopedia. No es tan fiable pero siempre que la tengas a mano es más cómoda, ¡hasta se teclea ella sola!

Para incrementar el nivel educativo del blog dejo aquí un video de la lobopedia que os enseñara cosas de la mezquita que no encontrareis en otras enciclopedias.

Después de la clásica sesión de fotos a la mezquita, nos acercamos para intentar entrar. Pero debido a que era viernes santo o alguna otra razón, no pudimos. Y eso que íbamos disfrazados para la ocasión, pero ni por esas. Dimos una vuelta más y no tardamos en marcharnos de vuelta al taxi.

Una vez en el taxi procedía continuar con la visita turística a Casablanca. Nuestro deseo inicial era ir al zoco, perdernos en él. Pero a pesar de que se lo repetimos constantemente al taxista, este no parecía oírlo o, por lo menos, entenderlo. Así que nos llevo a que viésemos la costa y una especie de piscinas naturales. Nada que nos llamase demasiado la atención, así que nos dedicamos a hacernos fotos en una señal de stop.

Volvimos a insistirle al taxista, pero el parecía que seguía sin entenderlo y cuando lo entendía nos decía que al ser viernes estaría seguramente todo cerrado. Cuando nos dimos cuenta estábamos en la zona más lujosa de Casablanca. Una zona similar a cualquier zona de urbanizaciones de España, todo eran casas unifamiliares y chalets. Y por alguna razón que aun no he alcanzado a comprender, nos detuvimos en el hipódromo. Al detenernos vimos algo muy curioso, al taxi no le funcionaba el freno de mano, el taxista se bajaba con el taxi aun en movimiento para accionar una palanca cercana a la rueda. Un “freno auxiliar”. Después desconectaba el vehiculo mediante un extraño interruptor situado bajo el volante. Era un sistema antirrobo que impedía que se arrancase el coche de cualquier manera. Curiosos como gatetes, le preguntamos por aquel peculiar procedimiento, dada la antigüedad del vehiculo y que por lo visto tenía pensado mantenerlo muchos años mas, debía de ser la única forma de mantener vivo el taxi. Allí es donde se hizo celebre la frase En Marruecos todo es posible.

No se que pretendían que viésemos allí. Aquello no era mas que un lugar para que corrieran los caballos y en aquel momento no lo estaban haciendo. Así que dimos una vuelta rápida de rigor y volvimos.

Lo siguiente fue un paseo en coche por el centro de Casablanca y sus calles más ricas. Pudimos ver todo el centro con las tiendas de las marcas más caras, las embajadas de los países más allegados y todo ese tipo de cosas que puedes ver en una ciudad que intenta aparentar ser como otras más ricas.

No paramos hasta llegar a la plaza Mohammet V. No entiendo todavía muy bien que hacíamos allí. No recuerdo haber visto nada allí que deba recordar en mi visita a Casablanca. A pesar de nuestra insistencia por ver el zoco el taxista siempre acababa llevándonos donde el quería, y nosotros nos dábamos una vuelta por aquellos lugares casi por obligación.

Cuando terminamos en aquella casa, no nos movimos mucho hasta llegar a unas tiendas típicas con baratijas propias. Una de las características de aquellas tiendas es que los precios estaban fijados, así que no daban la oportunidad de bajarlos, pero tampoco te timaban por ser turista. En cierto modo, podría servir de bálsamo para comprobar si has sido timado en tus compras. Puede ser que al no tener que regatear no hubiera alicientes para comprar, o que al haber hecho ya todas nuestras compras nada de lo que allí veíamos queríamos o podíamos comprar. A los estudiantes pobres se les acaba pronto el dinero. A pesar de no estar interesados en nada, Lobo se nos perdió haciendo una exploración personal por donde le daba la gana.

Quien mas éxito, por lo menos en lo que a curiosidad respecta, tuvo fue un hombre que vendía imitaciones de relojes. Habíamos oído que la mejor estrategia era comenzar ofreciendo cantidades ridículas de dinero, pero no nos funcionó. El hombre nos quitaba los relojes indignado. Estuvimos cerca de hacer negocios con el, pero como no todos los relojes tenían el mismo precio, perdió la oportunidad de vender ninguno. Aunque eso si, como siempre Lobo nos retraso intentando cerrar su propio trato. Pero nos fuimos al taxi.

Cuando intentamos marcharnos, el vendedor de imitaciones volvió para ofrecerle a Lobo un trato aceptable que este rechazo sin razón alguna. Fuimos por fin en dirección de algo que sí que queríamos hacer, probar comida típica de allí.

Al principio íbamos a probar algo rápido, como los kebaps. Pero para nuestro fino paladar con desarrolladas ‘pupilas’ gustativas, no era una comida digna. Finalmente nos decantamos por la idea primaria, el cuscús.

El restaurante al que fuimos a probarlo tenía buena presencia. Muchos extranjeros comían allí, lo que inspiraba cierta confianza. Pasamos a una sala donde no había nadie y parecía ser más típica marroquí. Como en cualquier lugar, lo primero que te llevan es la bebida, y nos sorprendimos al ver el embase de la Coca-Cola y el Sprite. Tenían los logos en árabe y la capacidad era de 50cl, en lugar de los aquí clásicos 20cls de las botellas o los 33cl de las latas.

Comenzamos a desesperarnos cuando pasados unos minutos el cuscús no llegaba. Teníamos cierta prisa, ya se sabe lo que pasa a la hora de llegar al barco. Incluso llegamos a pensar en marcharnos si no llegaba pronto la comida. Pero no lo hicimos, nos quedamos y disfrutamos de un plato combinado con las tres clases de cuscús que servian en aquel restaurante. Mas tarde hubo polémica acerca de si nos habían cobrado de más. Los que nos fijamos en la carta de precios del exterior creemos que no, pero Omer defiende enfáticamente que lo hicieron. De todos modos ya no tiene mucha importancia.

Por fin y ya sin sus servicios, convencimos al taxista para que nos llevara al zoco. Estaba muy cerca del puerto, así que nos dejó allí. Pero antes nos cobro… de más, como es costumbre. Alegaba que el servicio prestado había sido muy bueno para lo que se acostumbraba y que le diésemos dos euros más cada uno. Surrealista. No teníamos ganas de discutir, así que pagamos y nos marchamos a ver el zoco. El tiempo apremiaba y no abundaba.

No estuvimos mucho en aquel lugar, pero estuvimos lo justo para ver como atrapaban a un ladrón lanzándole unas cuerdas y como una bandada de niños corrían arrasando con lo que podían a su paso. Mientras tanto Lobo compraba dos relojes de imitación. Y sin más preámbulo caminamos hacia el barco.

Lo que ocurrió en nuestra travesía por el puerto fue sorprendente. Íbamos vestidos con las chilabas y logramos simpatizar con el pueblo marroquí. Caminásemos por donde caminásemos la gente nos veía y sonreía, todos nos saludaban con el clásico Sala Malecum. Esto hubiera sido tan solo curioso si no nos hubieran saludado mas que unos cuantos, pero pasa a ser anecdótico cuando lo hicieron todos con los que nos cruzamos.

Al llegar al lugar donde la policía controlaba el paso de gente, volvimos a tener un divertido incidente cuando nos pidieron las tarjetas de embarque. A Omer le volvieron a decir que parecía un marroquí que intenta escapar. También nos dijeron que con el gorro y las zapatillas estaríamos perfectos. Y al subir al barco terminó nuestra aventura por África y nuestras escalas del crucero.

Aquí dejo las fotos más visibles de Casablanca.

De vuelta al barco, pero por ultima vez. Al menos para mi los defectos del Athena eran menos patentes en aquellos momentos. Pero no era el momento de ponerse nostálgicos, debíamos destruir el barco.

Durante la tarde la rutina fue monótona, era el último día que podíamos tomar el sol en la cubierta del Athena y aprovechamos para que el astro nos echara cobre a la piel.

En la cena seguimos, como de costumbre, desquiciando al otro Omar, mas negro aun. Y después de esta tras charlar y hacer la pelota un poco al camarero Carlos, vino el Mago John a deleitarnos con unos trucos de mágica e ingenio. Según Marlo, en los otros cruceros aquello no es algo excepcional, sino algo que hacen los camareros a todas horas para amenizar la cena. John nos asombro con algunos juegos de cartas, nos enseño como sacar un corcho de dentro de una botella de vino vacía y nos desafió a un juego de ingenio con las copas.

He aquí una muestra del primer juego de magia que hizo con las cartas.

Pero aquellos entretenimientos fueron al concluir la cena. Así que no tardamos en ir a nuestro bar de sillones rojos. La Cortinas no volvió a cantar… La depravación estaba haciendo estragos entre la gente como se ve en esta foto:

Así que para evitarlo y divertirnos cometí un error que no dudo pagare durante mucho tiempo. Enseñe a los más inmorales del barco el juego Mafia. El nivel de vicio que han alcanzado con esto era a todas luces inesperado.

No creo que nadie aprenda a jugar con este video, pero es el comienzo de algo que para nosotros representa el comienzo de un mito.

Nuestro amigo Marcelo estuvo como era costumbre un rato con nosotros, contándonos incidencias y curiosidades del barco y haciendo su trabajo. Animarnos. No como aquellos cubanos, que tan solo cruzaron un par de palabras con nosotros, su trabajo realmente consistía en rascarles a todas las mujeres de abordo.

Cuando se hizo tarde subimos a la discoteca. Aquella era la última vez que íbamos a desfasar allí y lo hicimos notar. No tiene mucho sentido contar mas, tan solo que la noche termino con una merecida ovación a nuestro amigo dj. Gracias a el entre la música de discoteca pudimos disfrutar de buenas canciones de Rock.

Aquí dejo las fotos de grupo del último día. Un placer haber coincido con todos vosotros en el barco y esperemos que no sea aquella la última vez que nos veamos.

Al acostarnos queríamos hacer la procesión de chilabas por los pasillos, parando especialmente en algunas habitaciones elegidas… Pero lamentablemente, no pudimos hacerla. Era tarde aquella noche, debido al cambio de hora al dejar Marruecos, y las maletas tenían que estar listas a las seis. En contra de nuestra voluntad tuvimos que suprimirla.

Mientras las personas normales se iban a la cama, los inmorales disfrutaban haciendo gamberrismo puro y duro. Unas figuras hechas con frutas en la cocina del buffet eran demasiado tentadoras como para hacer mas cruceros. En este video esta su esperado final.

Gracias a todos los seguidores del blog, que habiendo estado o no a bordo del Athena, han seguido con insistencia nuestras aventuras y desventuras. Espero que todos hayan disfrutado tanto como nosotros lo hicimos viviéndolas y recordándolas. Mil gracias y hasta siempre.

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca (part.6)

mayo 7, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Sexta Parte

El Viaje De Los Inmorales.

Por aquel entonces éramos ya todo unos expertos en eso de llegar a tiempo al barco. Esta parte representa un cambio fundamental en el viaje, entramos en territorio marroquí, el continente africano. En el barco por A o por B, ya comenzaban a dar buena cuenta de nuestras fechorías, aunque tampoco era de extrañar, dado que éramos los únicos jóvenes de menos de treinta años en muchos, muchos kilómetros a la redonda.

El sexto día es para muchos el favorito, el mas intenso del viaje, y no sin razón. Puede que África tuviera un clima especial, o que el hecho de conocernos cada vez mejor provocara una perdida grave de la vergüenza, pero fuera por la razón que fuera, cada día hacíamos mas tonterías que nos quedarán para el recuerdo.

Sexto Dia: Como de costumbre llegábamos con retraso al puerto, pero habíamos acabado por acostumbrarnos, e incluso sacábamos partido a esas horas. Marlo insistía mucho en que ir a África son galones, visitar otro continente y que lo sellen en el pasaporte son galones. Pero los pasaportes realmente no nos fueron de mucha utilidad, excepto a Omer.

Aun con las legañas en los ojos y después de levantarnos a desayunar y volvernos a acostar debido al retraso del Athena, nos reunimos todos en recepción para desembarcar. Como siempre el sr. Lobo hizo gala de su impuntualidad y de algún modo ilógico e inexplicable, volvió a desafiar la paciencia de los que mas lo conocían, llegando con retraso. Como no llegue a tiempo nos bajamos sin él, decían algunos. Pero como respondió a la tónica general del viaje, Lobo siempre llegaba en el último suspiro.

Al bajar del barco un taxi se nos acerco y oficialmente comenzó nuestra aventura africana. El precio del taxi, como todo, era regateable, y aunque no éramos muy duchos regateando, conseguimos zanjar el trato por 40€.

Subimos cinco personas más el taxista, en el taxi. En un vehiculo asi, tan solo hubieran podido subir cinco personas en un país occidental, por normas de circulación vial, información del fabricante y, sobretodo, comodidad. ¡¿En que cabeza entra meter a cuatro hombres apretujados detrás?! Menos mal que Marlo no ocupaba mucho espacio…

En el taxi podríamos haber usado nuestro inglés para comunicarnos, pero era mucho más cómodo utilizar el francés de Omer. Es mucho mejor que otro se lo curre por ti y te lo traduzca todo en tu mismo idioma. No tardamos en llegar a nuestra primera parada, la Kasbah. Cuando llegamos no vimos mas que un montón de piedras, ya que un terremoto había derrumbado casi todo, y una vista excepcional de la ciudad y la calima que la envuelve. Resultaba curioso ver una niebla espesa que caía sobre la ciudad producida por el calor, la suciedad y contaminación, y el nada despreciable hecho de que hiciese mas de tres años que no llovía por aquellas tierras.

Mientras tratábamos de examinar el lugar un poco, comenzamos a darnos cuenta de las diferencias entre continentes. Vendedores a los que no les puedes mirar a los ojos, fotógrafos espontáneos que te cobran la fotografía con tu propia cámara, etc. Nuestro objetivo era parecer personas autistas o maleducadas. Si a uno de esos vendedores le mirabas a los ojos te seguían hasta que compraras algo, si a uno de esos fotógrafos le dejabas la cámara, vete a saber como la recuperarías. O el caso más extremo, los guías amistosos, personas marrones que amigablemente te explicaban detalles del lugar que como cometieras el error de escucharlo, tendrías que pagar sus servicios.

Andábamos entre las piedras o ruinas que antes fueron la Kasbah, mientras la curiosidad guió nuestras miradas a una cabra pequeña. Entonces surgió la nota curiosa, un hombre se apresuro a intentar vendernos una cabra. Como dicen allí, en Marruecos todo es posible, o en Marruecos todo tiene precio.

Un tanto desconcertados salimos despavoridos hacia el taxi. Ya habíamos visto suficiente de la Kasbah. En realidad estábamos comenzando a percatarnos de la intensa diferencia cultural de las distintas civilizaciones. No eran solo la gente marrón que nos asaltaba por la calle ofreciéndonos dispares servicios por un par de monedas, sino por todo lo que veían nuestros ojos, todo era distinto, su forma alocada de conducir, el peculiar calor de la zona, la ciudad llena de mierda y cabras, los moros sentados al sol que no trabajaban ni de casualidad. Aquello era tan tercer mundista o mas de lo que queríamos ver. Era autentico.

Pero como a nadie le gusta regocijarse de la pobreza de su propio pais, al segundo lugar donde nos llevo fue a la que en un futuro seria una de las zonas mas turistas del mundo. La costa de Agadir estaba inundada de complejos hoteleros y futuros hoteles en construcción, y casas particulares de extranjeros a los que aquel lugar les resulta extremadamente barato. Se preveían más de diez millones de turistas. Pero aquella zona no era lo que queríamos ver, era demasiado similar a lo que tenemos en España. De hecho, gran parte de los hoteles de aquella zona eran hoteles españoles.

Una desafortunada pregunta de Lobo conmocionó a todo el taxi, incluso al taxista. Una regla básica tras cerrar un trato de esta índole es no cuestionar el precio pactado. He aquí un ejemplo de lo que nunca se debe hacer, pero que no obstante se hizo:

Sr. Lobo: Oye, ¿Habíamos acordado cuarenta euros por toda la mañana o por cada dos horas?

Las caras de los receptores eran todo un poema. No pretendíamos discutir el asunto en el taxi, de modo que le sugerimos que se callase. Sabíamos que este incidente nos traería problemas mas tarde.

Una vez visitados los lugares de interés de la periferia de la ciudad, nos adentramos dentro de esta. Estábamos ansiosos por ver el zoco y todas aquellas calles que en nuestra imaginación se antojaban estrechas y mugrientas. Pero tuvimos que detenernos antes en la mezquita mas importante de la ciudad. Un par de fotos y sigamos la ruta.

La siguiente parada que estaba prevista era una fábrica de pieles, pero no teníamos ningún interés en entrar y pasamos de largo. Donde si que paramos fue en una fábrica de aceite de Agar, muy típico de Agadir. Allí nos mostraron el proceso de elaboración y después nos vendieron su producto. Aquella tienda no parecía estar integrada en Agadir, contrastaba su limpieza con la suciedad generalizada del lugar. Fue un detalle por su parte darnos a tomar una taza de te. El te fue la bebida estrella de este viaje.

Por fin, cuando dejamos atrás la fábrica de aceite, pudimos entrar en el zoco. Lo que habíamos estado deseando ver desde que desembarcamos en el puerto. Aquello era si cabía un tanto mas autentico que todo lo demás que habíamos estado viendo. Calles estrechas y sórdidas, donde la pobreza era el pan de cada día. Una cantidad sorprendente de moros por las calles, dado que los edificios eran pequeños. Muchos de ellos trabajaban y otros simplemente estaban sentados conversando en las puertas de sus casas o tiendas. Si no fuera porque llevaban chilabas en lugar de túnicas y por que sus pieles eran marrones, hubiéramos podido confundirlos con filósofos.

Comenzaba lo bueno, comenzaba el regateo. Era la hora de poner a prueba nuestras habilidades de tasación. La primera tienda era una vulgar tienda de baratijas que pretendían no serlo. Al menos no querían vendérnoslas como tal. Fue un error que aquella fuera la primera tienda donde fuimos, porque allí eran duchos y duros regateando y no soltaban prenda. Eran capaces de discutir por un par de euros cuando estaban en juego cientos de ellos. Se puede decir que sacamos los artículos en los que estábamos interesados por un precio que creíamos justo, pero no creo que nadie albergue dudas acerca de si salimos perdiendo. A no ser que fueras una mujer rubia, siempre perderías en el regateo.

Después, de camino a una especie de mercado, vivimos un gracioso incidente. En una de las estrechas calles, dos carros tirados por famélicos burros formaron un amplio atasco en el que nos dividimos. Una parte del grupo cruzo a tiempo y otra, comandada por la curiosidad, se quedó a ver como terminaba aquello.

Llegamos al mercado. Era un mercado original y, por lo que pudimos apreciar, no estaban acostumbrados a ver demasiados turistas por allí. El taxista-guía nos había llevado por interés, allí tenía la tienda de especias su hermano, y aunque no le hicimos demasiado caso, algo le compramos. Donde si que comenzamos a hacer de las nuestras fue en la inesperada, para el taxista-guía, parada en la tienda de chilabas. Era una idea confirmada meses atrás, nacida de la mente de Marlo, que si íbamos a África compraríamos chilabas. Esto sorprendió al taxista, y no menos al propio vendedor. Me dio la impresión de que el vendedor no estaba acostumbrado a regatear a pudientes turistas (pudientes en comparación con ellos, claro. Nosotros no éramos más que pobres estudiantes). Pasado un rato, todos salimos de allí con una chilaba y un pañuelo que nos será muy útil si alguna vez nos perdemos en el desierto.

Caminando por aquel lugar dejado de la mano de dios, vimos cosas que son dignas de contar. Tiendas de móviles, algunos afirman que Mokia, tiendas donde vendían televisiones de plasma envueltas en fino fleje, moros sorprendidos y otros que se reían al ver a extranjeros con chilabas (es decir, nosotros), incluso tiendas de videojuegos para Xbox y PS3. Pero una de las cosas que más hicieron que nos demoráramos fue…

¿Olivas de Subway en tiendas perdidas en recónditos mercados de Agadir? ¿Es de ahí de donde compráis las olivas, Marlo? Me gusta comer en subway, así que por mi propio bien no haré mas preguntas ni esperare respuesta a las ya realizadas.

A la salida del mercado debíamos ir con cierta celeridad al taxi para llegar a tiempo al barco. Pero era imperativo desde mi punto de vista que parásemos en una tienda de plata (diría joyería, pero seria pasarse). Allí volvimos a ver que la pericia regateadora de lobo no estaba en un buen estado de forma. Le ofreció al vendedor un precio que ni el mismo necesitaba rebatir. Por suerte para Lobo no le dejamos cerrar el trato y pudo bajar el precio.

Después de esto fuimos hacia el puerto con la hora controlada y dentro del plazo previsto. Cuando llegamos a la barrera policial de entrada, los guardias se asomaron al coche y nos vieron cara de extranjeros, probablemente italianos, menos a Omer. A el le dijeron que parecía un moro que quería escapar. Le pidieron el pasaporte y la tarjeta de embarque, antes de bromear con su parecido moro y su atuendo. Era gracioso, al menos para nosotros.

Al bajar de taxi, la inoportuna pregunta anterior de Lobo tuvo los efectos esperados. El taxista exigió más y tuvimos que pagar los ‘extras’ de un error. Pero aun así, el precio era barato comparado con el taxi de Madeira. Cualquier precio era bajo en comparación con el taxi de Madeira, aun me duelen las cicatrices de aquella puñalada.

Estas son las fotos más características del día y posiblemente también de Agadir:

Dentro del barco la gente se sorprendía por nuestras chilabas. Algunos incluso nos decían cosas. Pero el mejor momento llegó cuando entramos en la cubierta de la piscina. Todos los presentes se quedaron bocabadados y al poco rompieron a aplaudir. Nosotros, cuales estrellas de fútbol que entran en un estadio después de haber ganado la liga, alardeamos de nuestros merecidos aplausos. También quisimos retratar el momento para la posteridad.

Al poco fuimos a comer, sin desprendernos de nuestras cómodas chilabas. Gran invento. Es el futuro de la moda, el primer diseñador avispado que se percate de su combinación de comodidad y elegancia y las ponga de moda, revolucionará el mercado. En el restaurante a la carta nos trataron como jeques y la gente continuaba admirándonos por nuestra originalidad y atrevimiento.

El resto del día transcurrió con normalidad. Con la monotonía que habíamos creado en las horas de relax del barco. Dormir la siesta al sol y un poco de sauna. Esta vez llegamos a tiempo al show de aquella noche. Y aunque alguno se puede arrepentir para el resto de su vida, y otro que yo se me (Tico) paso mas miedo que siete viejas, el resto disfrutamos de lo lindo viendo como se desarrollaba una de las mayores anécdotas del viaje.

El show de aquella noche consistía en una lucha entre facciones del público, el infierno y el paraíso. Desgraciadamente, nosotros estábamos en el paraíso. Y digo desgraciadamente porque aquellos de nosotros que no desean ir al infierno irán a buen seguro. En el espectáculo se sacaban para cada prueba a ‘voluntarios’, y donde estábamos la certeza de que tarde o temprano nos sacarían a nosotros era demasiado evidente. Así que tras un par de pruebas en las que sacaron a abuelotes, pasó lo que tenía que pasar. Un animador llegó y se llevó a nuestros dos personajes mas locos, Omer y Lobo.

Lo cierto es que viendo los números anteriores no esperábamos mucho de aquello. Tan solo tratar de hacerles pasar la mayor vergüenza posible. Pero no caímos en que con estos personajes la vergüenza no acostumbra a hacer acto de presencia. Cuando los vimos salir esto fue lo que ocurrió:

En baile del cangrejo ya era conocido por muchos tras una actuación estelar la noche anterior en la discoteca. Y fue fácilmente reconocible, sobretodo para nuestro amigo el dj que secretamente hacía de Neptuno. Durante la actuación increpamos el ambiente con gritos de ¡Inmoral, Inmoral! A lo que la gente se animó y se unió a nuestros cánticos. Todo el público del paraíso gritando al unísono: ¡Inmoral, Inmoral!

Después de esto volvimos a la rutina, cena copiosa con extra de postre, una copa en el bar de los sillones rojos (esta vez sin la cortinas) y desfase en la discoteca.

Cometí el error de sugerir una idea que dada la personalidad ansiosa de Tico y su insano gusto por correr por los pasillos ruidosamente, se tomó con más seriedad de la debida. La idea consistía en hacer una procesión nocturna por los pasillos vacíos, mientras despertábamos a los dormidos tocando a sus puertas mientras gritábamos ¡Traigan a sus muertos! La idea era graciosa.

Cuando decidimos marcharnos a la habitación y dejar la procesión para el último día, por evitar que nos echasen en Marruecos, Marlo previó una llamada del camarote 115, que no se hizo esperar. Los cansinos de aquella habitación deseaban hacer la procesión aquella misma noche, a lo que nos negamos. Marlo volvió a usar su deducción para anticiparse a los hechos, dijo que antes de cinco minutos los cansinos de la 115 subirían a tocar a nuestra puerta. Puede que no fueran cinco, que fueran diez. En el camarote 115 todo ocurre más despacio. Y mientras Marlo y Claudio conversábamos, comenzaron a dar insistentes golpes a la puerta. En principio, pensábamos ignorarlos y lo hicimos durante un rato. Pero por alguna razón cambiamos de parecer y finalmente decidimos darles en el gusto. Nos pusimos las chilabas, pero tardamos demasiado y cuando abrimos la puerta estos ya se habían marchado. Nos reímos un poco más y nos acostamos.

Con este video cierro hoy el sexto día. Que se ha hecho esperar por razones ajenas al blog, pero espero que finalmente haya valido la pena.

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca (part.5)

mayo 5, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Quinta Parte

El Viaje De Los Inmorales.

Después del pequeño parón en el blog por el puente, las crónicas del Athena vuelven a activarse y traen consigo una renovada vitalidad y un completo apartado grafico, gracias a todas las fotos y videos cedidos por todos vosotros.

Ahora que ya le íbamos cogiendo el truco a las cortas escalas, aprovechábamos el tiempo debidamente y la cantidad de anécdotas y locuras es incluso mayor que en los días anteriores. Con el tiempo llega la confianza, y en un grupo como el nuestro eso es peligroso. Durante estos días es cuando nos comenzamos a percatar de que Tico no era el chico sensato que nos había hecho ver. Sumerjámonos en el relato que narra el día de Arrecife, Lanzarote, y dejemos que nuestras mentes se pierdan en laberintos de recuerdos.

Quinto Dia: Es en el quinto día cuando las escalas comienzan a hacerse por las mañanas. Eso implica madrugar de forma considerable y por consiguiente dormir pocas horas. Las noches eran largas y nunca traían consigo ganas de acostarse, así que solucionamos el problema del sueño durmiendo por la tarde.

No era excesivamente pronto cuando llegamos a Lanzarote, pero aun así dormimos poco. Es curioso que después del incidente de Tenerife todos los integrantes de la aventura decidieran repetir. Unos no teníamos elección, otros ya nos explicaran sus razones.

Por supuesto, llegábamos con retraso a nuestro destino y nada mas desembarcar tres taxis nos acercaron a la zona neurálgica de casas de alquiler de vehículos. Los isleños corresponden un poco a los típicos tópicos y son gente sosegada que no tiende a estresarse en el trabajo. Sus taxímetros deben de ser como ellos y por esa razón no los hacen trabajar, así que ni los encienden. Como buenos profesionales que son cobran a ojo de buen cubero y redondeando siempre (hacia arriba, claro). En las casas de renta de vehículos no son distintos, es de suponer que o les funciona muy bien el negocio o no les hacía excesiva gracia alquilarnos el coche a nosotros, porque no tenían muchas ganas de hacerlo, o al menos esa fue la impresión general.

Cuando encontramos una casa donde nos alquilaban los coches, nos hicimos con un par de joyas, dos Citroën Saxos. No se como hicimos para meternos todos dentro, pero ciertamente cumplieron con su cometido.

Como ya pasara en Tenerife, a Tico se le iluminaron los ojos y se activo, solo que esta vez la situación se agrava al estar en terreno conocido para él. En otras palabras, ya le habían presentado a la carretera.

La ruta que trazamos en Lanzarote estaba comandada por Tico, como es lógico y primero nos llevó por La Geria, donde paramos un par de veces en la carretera para apreciar el paisaje volcánico y una amplia y curiosa explanada de piedras volcánicas. Mas adelante paramos en un par de bodegas y tiendas de recuerdos y souvenirs, donde pudimos comprar vino de Lanzarote y probar la comida típica, el mojo picón. Según tengo entendido algunos lo repitieron bastante. Y como esta vez la hora era una constante en nuestras mentes, no nos demoramos más tiempo del necesario y partimos a nuestra siguiente marca en el mapa.

Entre carreteras rodeadas por un peculiar paisaje de magma seco, conducimos los Saxos. El Timanfaya no estaba demasiado lejos y no tardamos en llegar. Fue sencillo, cruzamos la entrada del parque en seguida, pero para nuestra sorpresa, al entrar teníamos puñales clavados en la cartera. Puede que para los guiris ricos ocho euros sea un precio justo, pero para nosotros no. Como no paramos de repetir durante el viaje, nosotros somos estudiantes, somos pobres.

Una vez dentro nuestra mentalidad nos gritaba que aprovechásemos al máximo nuestra inversión. Lo primero que hicimos fue ver una demostración de cómo hierve el agua al introducirla en los geisers naturales. Es un proceso que seguramente la lobopedia podría explicar con mucha más precisión, de modo que para evitar hablar de un proceso que desconozco, mejor dejo el video y lo veis con vuestros propios ojos:

En principio, habíamos descartado la idea de subir al autobús. El recorrido iba a ser largo y no debíamos permitírnoslo, pero habiendo pagado ocho euros de entrada, no tuvimos otra opción. Era prácticamente obligatorio subir a ese autobús, aunque el viaje nos fuera en ello.

El recorrido al Timanfaya fue interesante e impresionante a la vista. No lo fue tanto didácticamente, ya que las grabaciones del autobús hablaban casi todo el tiempo de un sacerdote que escribía en su diario como el cielo se llenó de fuego. Pero la vista de aquel exclusivo paraje y sus muchos cráteres, es algo que recordaremos por siempre.

La visita al Timanfaya no dio para más. Si rentabilizamos o no el importe de la entrada es algo que cada cual tiene que discutir consigo mismo.

De vuelta al barco con el tiempo de sobra, nos detuvimos debido a una votación. El tiempo nos sobraba para llegar a devolver el coche e incluso hacer una pequeña visita a la costa de Arrecife y comprar algún que otro recuerdo. Pero la idea de subir en camello era para algunos mucho mas atractiva y la fuerza de las masas consiguió que nos detuviéramos para dar una vuelta en camello. El precio nadie lo cuestiono. Cuando la gente como nosotros tiene cierta prisa no acostumbra a pensar mucho en el precio, y eso que por una vuelta corta nos cobraron cinco euros por cabeza.

La vuelta fue rápida, y si como teníamos la cabeza en el retraso de Tenerife no nos importó. Nos chocó, y de algún modo asustó, el comportamiento de los camellos. Los camellos son el único animal del mundo hecho exclusivamente de rodillas y cubierto por felpudos llenos de polvo. Cuando nos acercamos a ellos algunos parecían tranquilos y otros parecían estar de muy mal humor. Cuando el hombre que los guiaba les hizo levantarse muchos de los camellos reaccionaron con agónicos gritos de impertinencia. Se les debía haber contagiado el carácter trabajador isleño, porque esto en el desierto no pasa. Marlo y yo, que soy su primo Claudio, fuimos listos cuales monos y seleccionamos al camello que mejor impresión nos daba. Un macho de buen ver, con un pelaje lustroso y en buen estado que yacía tranquilo. Pero el tiro nos salió por la culata, el camello de adelante estaba de peor humor que ninguno, y el de atrás se puso igual en cuanto le hicieron levantarse, además de no parar de mascar la saliva que temíamos nos escupiese en cualquier momento. Para colmo, nuestro apuesto camello resulto ser el único camello cojo que se inclinaba al caminar hacia la derecha y que además no paraba de defecar mientras lo hacia. Personalmente tenía mucha ilusión en montarme a un camello, pero creo que la ilusión por bajarme fue mayor.

A la vuelta no tuvimos tiempo para contemplaciones. Aunque por primera vez en lo que llevábamos de viaje, llegamos a tiempo al barco. Ni antes de lo que debíamos, ni después. A todos sorprendió, y posiblemente ninguno se lo creía mientras caminábamos confusos hacia el barco. Hay que decir que hicimos una buena compra en la casa de renta de vehículos al pagar diez euros de más para poder estacionar los vehículos en el puerto.

Como viene siendo costumbre, aquí dejo las fotos más características de nuestra visita a Lanzarote:

El resto del día fue tranquilo por fin. Habíamos superado con éxito la prueba de Lanzarote y una vez dentro del barco ya podíamos descansar tranquilos.

Tras intentar juntar mesas para una cantidad ingente de jóvenes, cosa que nos denegaron, nos atiborramos cuanto pudimos en nuestro recién descubierto restaurante a la carta. Espero que algunos de los camareros más perezosos aun guarden un mal recuerdo de nosotros. Hicimos cuanto pudimos para que así fuera.

Después llego el momento de dormir la siesta al sol. Los días comenzaban a ser soleados y el viento disminuía a medida que avanzábamos por el atlántico, así que el sueño cada vez era más placentero en la cubierta. Pero por supuesto ya no tomábamos el sol desprevenidos, aunque en algún caso parezca mentira, usábamos ya crema protectora.

Después de un rato de siesta, los mas madrugadores de nosotros (véase Tico, Marlo y Omer) fueron a la sauna a sudar un rato. Yo y Lobo nos quedamos durmiendo un rato más, más a gusto que una cesta de gatetes al lado de una estufa. Al despertar nos fuimos a la sauna y aguantamos allí un rato. Mas tarde, al acabar la sesión de sauna y baño turco, bajábamos a merendar cuando nos encontramos con las pos pamplonicas que apuraban las últimas horas de sol. Quizá fuera en aquel momento, debido al calor de la sauna y el sol cuando la piel de Lobo comenzó a mutar. Debió ser una mutación rápida, porque cuando llegamos al restaurante del buffet, donde servían la merienda, la piel de Lobo estaba en su apogeo. Como describirlo es inútil, porque una imagen vale más que mil palabras, aquí dejo la prueba. La prueba de porque se reía Tico tanto durante toda la tarde y parte de los siguientes días:

Cuando la monotonía comenzaba a apoderarse de los ratos que pasábamos en el barco, una inesperada artista, frontman y animadora apareció en escena justo después de la cena. Puede que no fuera por su forma de cantar, pero tenia algo. Tenía algo con lo que nos cautivo a todos. Muchos no podían soportar tanta clase y desalojaban el bar diciendo: terrorific, horrible. Por suerte para todos, esta inesperada artista fue registrada en directo por una de nuestras cámaras. Y tengo el placer de presentar, en exclusiva desde mi blog, a la mejor cantante del mundo. La perla del Athena:

Os dejare un segundo para que recuperéis el aliento…

Ya esta. Tras esta exhibición de canto, y unas reparadoras risas, fuimos a un buffer especial para el que los chefs habían preparado elaborados platos y donde a pesar de no tener hambre, nos atiborramos a dulces. Cuando el estomago estuvo suficientemente lleno, nos subimos a la discoteca donde nos fotografiamos en grupo y como siempre todos ‘pegábamos la brasa’ a nuestra manera al DJ, cuya foto dejo aquí junto a la del grupo. Un saludo de nuevo para todos los que estuvieron abordo en el Athena en la semana del 19 del 4 al 26.

Una vez cerró la discoteca, por alguna razón que desconozco y no alcanzo a comprender, acabamos en el camarote de los hermanos Marx. Y como de aquel camarote no podía salir nada bueno, descubrimos que el sr. Lobo tenia el culo pelado como un chimpancé. Y quizás ese dato debiera haber permanecido confidencial, pero este blog se especializa por sacar lo peor de cada uno sin censuras. Pero eso no es todo, después, por las reiteradas peticiones de Tico, tuvimos que salir a correr y armar un poco de escándalo por los pasillos mientras el resto del barco dormía tranquilamente. Y después de dar en el gusto a Tico, por fin pudimos acostarnos y dormir unas pocas horas para el día siguiente.

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca (part.4)

mayo 1, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Cuarta Parte

El Viaje De Los Inmorales.

El crucero seguía inexorable su curso, y esto se comprobará en esta nueva entrada. Con el paso de los días y el aumento de la convivencia y la confianza, nuevos y avezados aventureros osaron unirse a la expedición comandada por ‘los cinco’. Así que por fin, y después de tanto reclamar, Sally y Carlos tienen cabida en la historia. También nuestras pamplonicas pasan a formar parte activa de los hechos. Y a lo largo de los días toda la juventud tendrá su participación en las crónicas de alguna manera. Por de pronto inmiscuyámonos en la aventura de Tenerife.

Cuarto Dia: Las mañanas aun amanecían tarde. Las escalas eran por la tarde y no apremiaba madrugar. Aun así, por alguna razón, nos levantábamos un rato antes de la comida, y yo siempre he sido defensor de Santa Teresa, de la cama a la mesa. Creo recordar que fue por estas fechas cuando descubrimos que en el restaurante a la carta se comía mucho mejor que en el buffet. Hasta el momento siempre habíamos comido como una banda de engañados en el buffet, seducidos por la idea de que repetir cuanto quisiéramos era la mejor opción. Descubrir que podíamos hacer lo mismo en el restaurante solo que sin tener que levantarnos y comiendo platos mejor preparados fue quizá uno de nuestros mayores éxitos.

Nada importante pasa hasta llegar a las proximidades de Tenerife. Por alguna razón, posiblemente por nuestra discusión del día anterior, esta vez se alteró el orden de desembarque, siendo los últimos las excursiones. De este modo, pudimos enterarnos debidamente de que como llegábamos con retraso también podíamos volver con retraso.

Lo primero que hicimos fue salir escopetados a alquilar dos coches. No fue una jugada hábil esperar casi una hora hasta que abriesen las tiendas que mas tarde nos dirían que no disponían de coches o que sus condiciones de devolución o entrega no nos convenían. Después de esta tonta entrega fuimos a un lugar recomendado por el ‘mago’ del barco y que finalmente resultaría un acierto, Cicar. Allí nos hicieron entrega de las llaves de un par de Opels Astra de los que nos acordaremos más de lo esperado.

La misión de Tenerife se antojaba sencilla, ir al Teide y volver del Teide. No teníamos previsto ver ni hacer nada más. Sin demora partimos hacia nuestro destino y el camino de ida no representó ninguna dificultad. Eso sí, nada más subir al coche a Lobo le pasó una de las suyas, dejó el dedo en el lugar indicado para que cuando nuestra amiga Lourdes cerrara la puerta, le dejara un bonito recuerdo.

Quiero pensar que el reparto de personas en los coches fue casual, pero fue demasiado preciso como para pensarlo. En el coche tripulado por el ‘pisahuevos’ Tico, iban Lobo, Lourdes, Rocío y Carlos. Y en el coche que siendo mas veloz fue capaz de llegar el ultimo, conducido por Omer, iban Marlo y su primo Claudio, y Sally.

El camino de ida se hizo largo, pues el Teide se veía siempre a lo lejos por mucho que nos acercásemos. Aun así resultó ser el más corto aun realizando algo mas que las paradas de rigor para apreciar el peculiar paisaje de la isla, sobretodo cuando las nubes quedan por debajo de nuestros pies. Durante un tramo importante del recorrido el coche rápido de Omer se dedicó a seguir al coche lento de Tico, periodo durante el cual aprovechamos para hacer paradas y fotografiar con calma. Más tarde, en cuanto el Omer tomo la delantera, nos separamos poniendo varios minutos de por medio.

El primer Astra, el pilotado por Omer, llegó al teleférico y comprobó, sin sorprender a nadie, que ya habían cerrado. No tardamos en alejarnos allí para no perder el tiempo. Mientras nos íbamos de allí nos cruzamos con el segundo Astras, y tras sugerirles que no fueran, prefirieron comprobarlo por si mismos… Está claro que la prisa no recibía toda la atención que demandaba en aquel vehiculo.

No tardamos en llegar al parque natural del Teide. ¡Y allí estaban ya los autobuses de las excursiones! Durante toda la escala siempre iban a ir por delante de nosotros. Lo primero y lo último que hicimos en el parque fue visitar y admirar las famosas rocas de los billetes de mil pesetas. Fue en las escaleras de estas mismas rocas cuando Braulio, es decir, yo, me cruce con Carmen para después de interesarse por mi estado debido a la gesta de la piscina de la noche anterior, crear una especie de pacto que mas tarde traería polémica. Según mi memoria, la cual no acostumbra a fallarme, Carmen dijo que si ustedeh doh se vuerven a bañar, yo me baño. Tras lo cual cerramos el acuerdo con un apretón de manos. Mas tarde también haría el mismo acuerdo y de la misma manera con Lobo.

Una nota curiosa en la sesión de fotos de esa tarde es cuando se me ocurrió subirme a una roca y fui fotografiado reiteradamente en posición budista. Algo tan tonto y sencillo puede dar mucho juego si hay cámaras de por medio.

Tras un rato más de fotografiarnos a nosotros y a las piedras, nos volvimos al coche siendo conscientes de que teníamos que volver para estar a la hora prevista en el barco. El segundo coche como siempre salía sin prisa y con retraso.

Es el momento de que veáis las fotos más representativas de Tenerife:


A la vuelta decidimos probar otro camino alternativo que según nuestros erráticos cálculos resultaría más rápido. Ambos coches decidimos seguir la misma ruta, pero cada uno a su marcha.

Tras recorrer buena parte de unas carreteras plagadas y atravesar varios pueblos perdidos en medio de las montañas llegamos a la autovía, razón principal por la que elegimos aquella ruta. Allí fue donde mirando el reloj comenzó la cuenta atrás. Todo parecía ir bajo control, por lo menos para el primer coche. Con el reloj a la vista y el mapa en las manos, calculábamos en cada instante la previsión de llegada. Todo apuntaba a que llegaríamos adecuadamente. Excepto una pequeña confusión con la hora, en la que el reloj se adelanto solo, todo avanzaba según lo previsto.

Cuando el segundo coche llegó también a la autovía y comenzaron las llamadas entre ambos, comenzaron las risas en el primero. El segundo coche llevaba demasiado retraso y si era capaz de llegar lo haría con el tiempo muy justo. A cualquiera le habría preocupado algo así, pero en el primer coche la preocupación no había subido. Ante tal perspectiva tan solo reíamos como gatitos. Puede que a Sally no le hiciera tanta gracia la idea de estar separada de su hermano en un momento así, pero influenciada por el ambiente general se reía como el que más.

Por fin el primer coche llegó a Santa Cruz de Tenerife, ahora tan solo faltaba dejar el coche en el puerto y subir al barco. Parecía sencillo, pero es aquí cuando todo se complica. Avanzamos a lo largo del paseo marítimo buscando una entrada al puerto que desde luego no encontramos. Aun teníamos tiempo y no había razón para preocuparse. Desde el segundo coche nos llamaron para que les explicásemos como se entraba al puerto al que nosotros habíamos sido incapaces de entrar y al poco lo consiguieron sin problemas. El primer coche dio la vuelta por el paseo marítimo buscando aun una entrada al puerto, y el tiempo seguía inexorable su curso. Mientras los nervios de Omer se consumían el resto de pasajeros reíamos y bromeábamos acerca de una larga estancia en Tenerife si perdíamos el barco. Volviendo por el paseo marítimo en busca de la dichosa entrada Marlo incitaba a Omer a cometer infracciones salvajes y supongo que de alguna manera eso ayudo a consumir aun mas sus nervios.

En segundo coche nos informaba de sus andanzas, y por lo visto ya circulaban encaminados por la carretera interior del puerto. Para colmo, fuimos capaces de verlos desde el paseo. Esto no solo provocó a Omer sino a todos los del coche que tanto bromeábamos con su lentitud. Ahora los que teníamos serias posibilidades de llegar tarde y perder el barco éramos nosotros. Omer cedió ante la petición de Marlo de realizar un cambio de sentido indebido, lo que nos llevo a meternos en la entrada de un parking al que estuvimos apunto de entrar. Poco mas tarde llegamos a una especie de parking público en el que estuvimos apunto de abandonar el coche o estrellarlo contra las verjas que nos separaban del puerto. Aunque hay que reconocer que en esos momentos Omer hubiera abandonado o estrellado el coche en cualquier lugar. Hacia muchos años que no se ponía tan nervioso. En cualquier caso, no lo hicimos. Seguimos buscando el camino pasándonos la normativa de circulación por el forro de los coj…es. Llegando a la entrada por la que accedimos al paseo marítimo, Marlo trato de que Omer hiciera un cambio de sentido en una carretera de seis carriles de circulación, tres en cada sentido. Pudimos haber comprobado si realmente éramos inmortales, pero creo que me alegro de no haberlo hecho. Aunque en ese momento todos menos el conductor reíamos como cosacos.

Al llegar al final o principio, según se mire, del paseo marítimo, encontramos la entrada al puerto detrás de un auditorio que nos habían indicado. Pero la cosa no acaba aquí. Tal seria la desesperación de Omer, que al llegar al parking de Cicar y fallar en la entrada, este se puso a conducir a velocidades ilegales dentro del parking dejando la mitad de los neumáticos en el asfalto. Lo peor llego cuando al vernos en una carretera que nos sacaba directamente del puerto, Omer apretó el acelerado a fondo, solo que con la marcha atrás, y mas rápido de lo que un servidor había circulado nunca marcha atrás, recorrimos una distancia de cincuenta metros aproximadamente. Hubiera sido mas de no ser porque un empleado de Cicar salio corriendo despavorido hasta el coche intimidado por la forma en la que lo estábamos tratando. Nos rogó que nos bajásemos que ya se encargaba él.

El resto de la travesía hasta el barco la recorrimos corriendo mientras atendíamos llamadas que nos advertían que éramos los últimos en llegar, que solo faltábamos nosotros. Corrimos, más que rápido, nerviosos. Las llamadas seguían coligiendo que nos diésemos prisa, que en cuanto llegásemos el barco retiraría las escaleras y se iría. Hubiera sido una buena oportunidad para nuestra querida directora de crucero para deshacerse de nosotros, pero no la aprovecho. Al poco aparecimos y los tripulantes del Athena nos divisaron en la lejanía. Omer y yo fuimos los primeros en subir y fue cuando repare que había sido un gran error no capturar estos momentos en un video. Ahora lo agradeceríamos sobremanera. No tardamos en llegar todos y reunirnos dentro del barco, en la recepción, ya con el alivio de estar dentro.

Al parecer algunos de los empleados del barco nos echaron la bronca por la tardanza, pero una vez conseguido embarcar poco importaba. Lo habíamos conseguido, y lo que es mejor, habíamos jodido de alguna manera a la directora devolviéndole de alguna otra la jugada de Madeira.

Esta foto acredita nuestro éxito (está un tanto movida pero es la única que hay):

Ahora tan solo quedaba descansar un poco y relajarnos, sobretodo Omer que aun no había conseguido reponerse del susto. Fuimos a cenar y la cena transcurrió con normalidad, pero registramos este curioso a la par que divertido documento grafico:

*Nota: Todos apuntan a Lobo simultáneamente… Por algo será.

Después como venia siendo costumbre nos acomodamos en nuestros queridos sillones del ‘bar de los sillones rojos’ y me hubiera gustado decir que también todo transcurrió con normalidad, pero lo cierto es que no. Algo impregnaba el aire enajenando nuestros sentidos para que actuásemos de una manera extraña y alocada. Como prueba dejo este video que no necesita ser comentado:

Era una costumbre inamovible ir a la discoteca después de reposar en nuestros sillones. Pero en la discoteca también estaba contaminado el aire para que aparte de las exhibiciones en la pista de baile, también pudiéramos ver imágenes como esta, que seguro que muchos tardaran un tiempo precioso en eliminarla de sus retinas:

Tampoco podemos pasar por alto el ataque masivo de palmas. No se si nacio aquella misma noche, pero en cualquier caso si que se manifesto:

Al cerrar la discoteca como todas las noches, llegó el momento de irse a la cama. A Tico se le había metido en la cabeza la idea de correr por los pasillos por la noche. ¡Que nadie se asuste! No lo hicimos.

…Al menos esa noche.

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Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca (part.2)

abril 29, 2008

Crucero ATHENA – Madeira, Tenerife, Arrecife, Agadir, Casablanca

Segunda Parte

El Viaje De Los Inmorales.

La inmoralidad del viaje aumenta conforme avanza el barco. Cierto es que comenzó de un modo palpitante y emocionante, pero ciertamente el resto del viaje no tiene desperdicio.

Un pequeño detalle se ha debatido varias veces hasta el punto de convertirse en un tema de discusión que por curiosidad ha de ser zanjado. Se trata del día en que conocimos a las pamplonicas (aunque una sea originalmente vasca…). Acerca de esto existen dos teorías, la de la primera noche y la de la segunda. Yo soy defensor de la primera noche, según mis recuerdos fue esta primera y no la segunda cuando tuvo lugar el encuentro, pero según el resto de miembros del ‘club de los cinco’ esto ocurrió en la segunda noche. Dado que la mayoría apoyaba la segunda teoría, decidí aceptarla como cierta, pero ahora fuentes externas aseguran y apoyan a la teoría de la primera noche. No puedo dar detalles certeros acerca de los motivos que se apoya la primera teoría, pero diré que tiene que ver con datos fiables que espero que expongáis.

Segundo Dia: El segundo día es el más tranquilo de todos, por lo tanto daré una visión distinta y divertida a lo acaecido en este pasaje del viaje.

El segundo día fue el día de navegación… ¡hínchate a barco, hínchate! Dedicar un día entero para conocer un barco de crucero enorme, pues puede ser algo entretenido, pero resulta que el Athena no es precisamente un barco grande, así que sobra tiempo para conocerlo. Dado que no podíamos pasarnos un día entero conociendo el barco nos dedicamos a conocernos a nosotros mismos. Dadas las características del grupo la tarea resulta más que divertida.

Esto es un poco centralista, ya que lo que voy a relatar habla exclusivamente de nuestro grupo. Aun así, no creo que nadie se aburra.

Sr. Lobo: Es el mas viejo de todos y también el que más está por civilizar. Es un autentico personaje con la habilidad de llegar tarde siempre, sean cuales sean las circunstancias. En honor a su nombre ni de lejos soluciona problemas, los crea. Es una fuente ambulante de datos semifiables.

Omer: Citando una frase de Marlo, es nuestro juguete. Posiblemente sea el más loco de todos, pero a ciencia cierta es el mas inmoral del mundo. Es un tío sumamente tranquilo, pero aun así no nos ha resultado difícil acabar con su paciencia. Sabe hablar francés, lo que nos ha sido de utilidad en Marruecos (a el no tanto…).

Tico: No se porque este personaje no tiene aun un apodo a la altura, pero no debería tardar. Al principio nos engaño a todos haciéndonos creer en que era un tío normal… pero las mentiras tienen las patas cortas. Es un ansias. Tiene la risa floja y se ha pasado más de la mitad del crucero riéndose.

Marlo: Es la mente perversa que ha unido a todos los miembros del grupo. Desde luego que tiene una mente perversa, vaya que sí. Acostumbra ha incitar a la gente ha hacer cosas, pero el raramente las hace. Extrañamente se ha soltado y ha hecho más de lo que esperaba hacer. Ha sido y es el patriarca.

Braulio Beckham: Ese soy yo y no se porque razón me he ganado mas apodos que nadie. Soy claramente la única persona normal del grupo. Se me conoce por ser contundente y explicito al hablar, y algunas personas dicen que lo ha dicho el rubio. Han tardado en darse cuenta pero finalmente todos han aceptado mi increíble parecido con Beckham.

Así es el grupo y así lo he contado, objetivamente. Desde luego es impensable que a nadie se le ocurra poner pegas sobre las descripciones.

Volviendo al asunto de adaptación del barco y seguir con el proceso fiel de narración de los hechos acaecidos, la adaptación no fue igual para todos. Tico tenía un cargamento presuntamente legal de biodraminas, con el que abasteció a toda la tripulación del Athena. Muchos somos inmunes a cualquier clase de debilidades de este tipo, pero aun así, por precaución, decidimos ingerir algunas de estas pastillas ‘mágicas’. El sr. Lobo es diferente, el no conoce la palabra precaución. Con ella no se crean problemas. Obviamente rehusó de tomarse las pastillas, él no las necesitaba.

La noche anterior había sido poco prospera en cuanto a horas de sueño. Casi todos dedicamos el día a recuperar las horas perdidas. Dormimos hasta tarde por la mañana, levantándonos a desayunar, eso si. Y dormimos por la tarde en la cubierta. Dormir en la cubierta de un barco no es buena idea si no se dispone de protección solar. Todos, menos Omer, nos quemamos, pero cada uno de un modo distinto. Unos llevábamos falsas camisetas blancas, otros se despellejaban… (El concepto de despellejación se explicara mas adelante).

El día fue largo y la falta de costumbre ha pasar tanto tiempo en el océano nos paso factura. Gracias a las biodraminas evitamos mareos y vómitos innecesarios e incómodos. ¿He dicho que Lobo no se todo biodraminas? Me parece que si… bueno, pues lobo no lo evito, paso unos preciosos momentos en su camarote haciendo todo lo que los demás preferimos evitar.

Para terminar dejare aquí algunas fotos del crucero para que los que estuvieron en él lo recuerden, y los que no estuvieron dejen de intentar imaginarlo con su pobre imaginación.